miércoles, 3 de marzo de 2010

¿Y si la UDI se transformara en partido único?: sobre nuestro próximo ministro de Educación.


Que el próximo ministro de Educación sea militante de la UDI, ex colaborador del gobierno militar, miembro activo del Opus-Dei y fundador de una Universidad privada –de esas de la “cota mil”- es un tremendo revés para quienes nos consideramos parte de las tan manoseadas “fuerzas progresistas”: esas que creen en la democracia (no como un mero estado constitucional sino como una construcción constante), la tolerancia y la necesidad de vivir en una sociedad más justa y fraterna, que se dedique –entre otras cosas- a fortalecer de manera decidida la Educación Pública, entendiendo que esta es la única vía para comenzar a construir un país verdaderamente equitativo e inclusivo. Lamentable, entonces, resulta observar como en la opinión pública no se generó un cuestionamiento masivo ante dicho nombramiento. Tampoco vimos una gran cantidad de declaraciones combativas que cuestionaran esta designación.

Y Claro, ante los ojos del chileno promedio, las cosas parecen atenuarse si recordamos que la UDI es el partido más grande de Chile y que Joaquín Lavín, una de sus mas relevantes figuras políticas, estuvo muy –pero muy- cerca de ser nuestro presidente. Entonces, aquel miembro del “Opus”, y de igual forma su partido, deja de ser un bicho raro que hace carne un pensamiento político-social minoritario y extremista para transformarse en lo que configura una simbología cercana, amena y que parece realmente inofensiva. Si Lavín, al fin y al cabo, es un tipo simpático, que mandaba a bombardear las nubes para que lloviera, que construía piscinas públicas en verano y que traía la nieve en invierno. ¡Si la UDI es el partido con más diputados!, si en la mayoría de las casas de barrio hay algún simpático accesorio estampado con la cara del candidato del “partido popular”.

¿Qué daño podría hacer Lavín desde el MINEDUC? ¿Qué diferencias pueden encontrarse entre Mónica Jiménez y el nuevo ministro?... ¡Si hasta Carlos Larraín dijo que le gustaría haber mantenido a la ministra DC en su cargo! Y ahí está el problema. Resulta que la derecha supo muy bien como dejar el camino amarrado cuando se despidió del poder hace 20 años y como publicitar su legado y su “onda” renovada durante todo este tiempo. El resultado: nos acostumbramos a vivir en un país que ostenta una desigualdad aterradora, en el que las Universidades del Estado son financiadas por el mercado, en donde las mineras están dejando sin agua a las plantas y a las personas porque el agua es considerada un bien transable de igual forma que un chocolate, regido por una Constitución dictatorial, en el cual te obligan a cotizar en una empresa privada –que se dedica a lucrar- para poder obtener una pensión en la vejez y en donde el sistema binominal no permite una verdadera competencia política y no premia a los realmente vencedores. Y lo peor de todo es que no solamente nos acostumbramos a vivir en este país, sino que además nos parece que es lo más normal del mundo. Incluso, en ocasiones, nos compramos el cuento de que somos líderes en el continente y de que toda Latinoamérica debiera seguir nuestras políticas para poder superar el estado selvático y subnormal en el que vive.

Por otra parte, durante toda la “transición”, la Concertación –si bien supo mantener las cosas que andaban bien y maquillar con algunas reformas los puntos mas débiles del sistema- nunca tuvo la voluntad política de poner en la palestra y luchar decididamente por cambiar alguna de las aberraciones de las que hablaba mas arriba (y digo aberraciones porque incluso para los países de la OCDE resulta inverosímil que, por ejemplo, nuestra querida Universidad de Chile sea financiada solo en un 14% con fondos públicos), mas allá de utilizarlas como elemento discursivo en los momentos cercanos a las elecciones. La urgencia puesta a las reformas laborales días antes de la elección de 1999, el reciente episodio de las “leyes MEO” o el hecho de que recién ahora –cuando quedan días para traspasar el poder- se den cuenta de lo necesario y urgente que resulta crear una AFP Estatal son pruebas contundentes de lo anterior. Hacerse cargo de estos problemas solo cuando se pueden obtener beneficios electorales –sabiendo que en dichos momentos no existe posibilidad alguna de avanzar en su solución- y olvidarse de ellos cuando se está en pleno ejercicio del poder es, simplemente, una burla a la ciudadanía.

En el ámbito educacional es quizá donde podemos notar con mas fuerza lo bien que la derecha ha hecho su trabajo durante estos años y lo débil que las fuerzas de izquierda de la Concertación fueron para hacerles contrapeso. Hoy, al volver al poder, se encontrarán nuevamente con la educación municipalizada; con la Chile sin sedes regionales y sin Pedagógico; con organizaciones estudiantiles y sindicales debilitadas; con Universidades privadas lucrando –contra ley- de forma descarada y recibiendo recursos públicos mientras las Universidades del Estado deben mantenerse a costa de los aranceles, las prestaciones de servicios y los mecenas privados; etc. Y –como si fuera poco- se encontrarán con algunas creativas innovaciones que, seguramente, no les vendrán nada de mal: el financiamiento compartido encumbrándose como la principal fuente de matrículas del sistema escolar y un Fondo Solidario debilitado que trae –a cambio- una nueva propuesta crediticia avalada por el Estado pero manejada por los privados, con mas intereses y mas ganancias para los bancos.

¿De qué podrá quejarse la derecha? ¿De qué podrá quejarse Lavín? ¿Cómo no sentir simpatía por él, que es un experto en administrar y potenciar este lindo sistema en el que nos ha tocado vivir? Tal vez lo puede administrar mejor, pensarán algunos.
La derecha, con muchos recursos –y con algo de ayuda de la Concertación- se ha encargado de hacernos creer que pensar como piensa la UDI, pertenecer al Opus Dei, haber colaborado con el régimen militar y haber fundado una Universidad privada es lo más normal del mundo. Es mas, es digno de ser destacado. Tal vez por eso el nombramiento de Lavín ha producido más risas y simpatía que un acérrimo y decidido rechazo.

Los próximos cuatro años deben servir para despertarnos, para volver a sentir que convivimos día a día con realidades que debemos cambiar y por las cuales debemos trabajar. Que no es normal que la Educación Pública se esté cayendo a pedazos. Que ese no es el camino de los “países exitosos”. Solo de esta forma podremos darnos cuenta de lo triste que es –y la derrota que implica- que alguien como Joaquín Lavín sea nuestro próximo ministro de Educación.

Y mis sinceras felicitaciones a todos los que se sienten parte de la derecha chilena. Realmente, lo han hecho muy bien. Si hoy la UDI se transformara en partido único, probablemente, muy pocas cosas cambiarían.

8 comentarios:

  1. Primo, leí tu texto, está bueno. Pero creo que muchos no nos hemos indignado con la proclamación de Joaquín Lavín como ministro de educación porque no dista mucho de la imagen de, también una ex colaboradora del régimen militar y simpatizante de la privatización de la educación a partir partir de sus roles en universidades privadas del país, Mónica Jiménez. Tanto uno de la derecha como otra de la Concertación, demuestran ser lo mismo camuflados de simbolismos distintos. Hace mucho, sino siempre, que la concertación demostró que de izquierda tiene poco.
    La lucha contra la educación de mercado sigue en pie como con Jiménez, Lavín, la Concertación o la derecha en el poder.
    !ARRIBA L@S QUE LUCHAN!

    Camila

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  2. Prima, bueno, justamente mucho de eso se deja entrever en el texto. Al señalar que no hay indignación por esta proclamación producto de que nos hemos acostumbrado a vivir en una sociedad que muy bien se asemeja a lo que la derecha estima como correcto, tiene que ver con lo bien que ellos lo han hecho pero también con la profunda debilidad que demostró la Concertación para realizar reformas estructurales al sistema, particularmente en el ámbito educativo. En cualquier parte del mundo sería un despropósito que alguien con el perfil de Lavín asuma como ministro de Educación, aquí no lo es porque durante décadas se ha sostenido un sistema educacional entregado a la rectoría del mercado. No hay cambios, no hay asombro. Concuerdo contigo en que Jimenez es lo mismo que Lavín, y por eso no sorprende este último.

    Saludos, Un abrazo!

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  3. Farid,
    Tan sólo un comentario:
    Lavín no merece la importancia que le das, ya que ha lacerado su honor con ser objeto de risa antes que de rechazo.Cuando ponga botones de pánico en cada sala, cuando traiga su estrafalario panen et circenses a los colegios, le diremos adiós.
    Si la "izquierda" jugó contra el gobierno concertacionista en educación a través de los estudiantes, no dudes en que lo hará con la "derecha" [Aunque uno de los sentidos de la protesta era hacer carrera política ]
    Saludos!

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  4. Firat's, leo un poco tarde tu texto, pero creo que sea tarde para compartir una idea.

    Confío plenamente en que "el término definitivo de la institucionalidad creada por la dictadura y profundizada, consolidada, eternizada por la Concertación, el destino de las riquezas básicas, la suerte de los pueblos originarios, la protección del medio ambiente, la justicia social y económica, la salud y la educación como derechos generadores de servicios públicos, el agua, la energía, la banca y los servicios financieros, son temas que desaparecieron del mapa sustituidos por dos o tres promesas vagas, ambiguas, evanescentes, que solo comprometen a quién las escucha, a quién las cree."

    No podemos pensar que quienes sufren a diario por los caprichos del modelo económico superen dicho estado en virtud de la ayuda de un ser omnisciente que levante la izquierda, y que sea ajena a la propia participación ciudadana.

    Por eso es que confío en el estudiantado como la fuerza capaz de levantar, pese al momento político, las reformas necesarias para que con justa razón Chile se jacte de ser un país "desarrollado". Por sore todo, la cobertura real del sistema educacional público, por sobre el sistema crediticio del cuál hasta nos alegramos de tener, sólo para poder estudiar, y entrando a ser uno más dentro del mercado.

    Respecto a la designación de Lavín, no sé si considerarlo un asesinato político, un gran error de Piñera, o una palmada en la espalda.
    Porque tiene cara de todo.

    Me parece que si bien es cierto la derecha ha sabido insertar su discurso en los lugares que tradicionalmente no lo aceptan, es porque han hecho un buen trabajo, estoy de acuerdo contigo, sucio pero bueno.

    ¡Pero ahora es cuando! para rearmar el mapa político y caminar hacia una fuerza de izquierda más amplia y más fuerte, para hacer frente a lo que se viene en estos cuatro años, que espero no pasen en vano.

    Un abrazo compañero

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  5. Fabián, lo que dices es cierto y probablemente sea un elemento que le termine jugando en contra a Lavín. De todas maneras, la idea del artículo no es centrar las críticas en contra de la figura del ministro sino contra lo que él representa y lograr cuestionarnos el porqué el pensamiento de la extrema derecha nos parece cada vez más "normal" en Chile. No podemos acostumbrarnos a vivir en un país que en muy poco difiere de lo que la derecha estima como "sociedad ideal".

    Saludos!

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  6. Lucho, comparto en general tu diagnóstico, pero con matices. Creo que hay ciertas cosas que valorar de estos 20 años de Concertación, partiendo por la reconstrucción democrática (que aún debe profundizarse mucho más) y por algunos avances sociales. Sin embargo, Chile sigue siendo un país lleno de contradicciones y que, en general, nos muestra una configuración social maqueteada durante la dictadura y que ha sufrido pocos cambios estructurales, particularmente en Educación. Simplemente hay cosas que no se pueden aceptar y a las que nos enfrentamos día a día. La Educación Pública se cae a pedazos a manos del mercado. Eso le gusta a la derecha y nos hemos acostumbrado a vivir en ese ambiente. Pero eso no es normal, no hay país que logre niveles decentes de desarrollo sin una Educación Pública fortalecida. Así con muchas cosas más, y de eso tenemos que darnos cuenta.

    De lo que hablas sobre el movimiento estudiantil estoy completamente de acuerdo. Cuando la dictadura diseñaba el nuevo sistema universitario pensaba "tendremos muchos estudiantes, pero que estarán endeudados y fragmentados en Ues locales, así debilitamos el movimiento estudiantil". Contra eso tenemos que luchar, pero esa realidad debe darnos más fuerza para reconstruir un movimiento que tenga real peso y que sea protagonista del desarrollo educacional, social y cultural del país. Hacia allá debemos apuntar.

    Un abrazo!

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  7. Miguel Angel Grez Catalan12 de marzo de 2010 a las 20:04

    "yo creo que antes que tirarse contra este ministro, o contra cualquiera, sea del sector que sea, la verdadera tarea pendiente es construir un verdadero movimiento estudiantil, conciente de la realidad en que esta inmerso, y a la vez, que resulte ser propositivo y dialogante.

    el emblemático caso de la revolución pinguina reflejó, junto con su exito mediatico y politico (al menos, momentaneo), las principales falencias del mundo estudiantil, en tanto factor de cambio social: una gran masa, medianamente, o muchas veces, mal informada; y unos liderazgos con ideas muy claras, pero que solo abarcan a una minoria con mejor formacion intelectual y capacidad critica, concentrada en un grupo reducido de colegios.

    sin ir mas lejos, la misma realidad se da hoy en día en el mundo de la educacion superior: solo un puñado de universidades tradicionales poseen federaciones de estudiantes relativamente consolidadas, que estan pendientes y concientes de la realidad del mundo educacional, mientras que existe un gran numero de universidades privadas, institutos profesionales y centros de formación técnica, donde sus estudiantes ni siquiera tienen un centro o federación de estudiantes que se preocupe de sus asuntos domésticos, y mucho menos, algñun atisbo de conciencia de las "aberraciones" del modelo educacional actual.

    siguiendo con la idea anterior: ¿existe hoy en día, alguna instancia verdaderamente representativa y convocante de TODOS los estudiantes de la educacion superior chilena? la respuesta es un rotundo "NO". Si ya es dificil, en tanto desafio, generar transformaciones en materia educacional; es sin duda imposible pretender hacerlo de la mano de unos pocos iluminados, que pretenden abogar por todos los estudiantes chilenos, sin que, muchas veces, estos sepan de la existencia de los primeros.

    si queremos aprovechar estos cuatro años, es mejor que empecemos a trabajar desde abajo, y dejar un poco de lado la grandilocuencia: los huanacos de lavin (que probablemente serán voladores, como sus aviones que hacian llover) pueden acallar a un par de universidades, pero sin duda no podrian jamas hacerle frente a miles de estudiantes que tengan, cada uno, perfecta claridad de lo que quiere para su educacion y la de las futuras generaciones."

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  8. Estoy muy de acuerdo contigo en cuanto al gran desafío que tenemos como Estudiantes para reposicionarnos como actores efectivamente relevantes en cuanto al desarrollo del sistema educativo de nuestro país (y, en general, en cuanto a actores protagonistas de los cambios políticos y culturales). No obstante, creo que también muchas de las falencias actuales del movimiento estudiantil derivan de la estructura de nuestro sistema universitario, cuyo origen y mantención sí tienen que ver con decisiones políticas y por ese es importante reflexionar sobre la conducción política del MINEDUC. En este país hay Ues que simplemente no permiten la organización estudiantil y -por otra parte- el lado amargo de la extensión en la cobertura tiene que ver con tener un gran número de estudiantes endeudados que, dada su situación, muchas veces tienen como última preocupación la participación político-universitaria. Universidades estatales sin financiamiento y con su antigua estructura nacional cercenada son también parte de estas dificultades. Por una parte, la responsabilidad es nuestra, pero por otra hay ciertas políticas que modificar desde arriba y en eso si tendrá injerencia Lavín.

    Saludos!

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